En Burdeos, el fondo del patrimonio proviene del comercio, en todas las acepciones de la palabra.
Desde siempre, la metrópoli girondina ha atraído hacia su puerto todo aquello que los mercaderes y negociantes fueron a llevar o a buscar a cada uno de los puntos de la rosa de los vientos.
Para comprenderlo, hay que remontarse a lo que permitió la edificación de la ciudad que conocemos, con, en su corazón, el siglo XVIII, cuando Burdeos, metrópoli colonial, reinaba sobre las islas del Caribe y las costas africanas.

Quedan nombres, a veces venidos de otros lugares: Balguerie, Cabarrus, Gradis, de Kater, Lainé, Nairac, Pereire, Saige... calles, avenidas y palacios epónimos, tradiciones y, a veces, armarios con secretos...




